Clearinghouse on Early Education and Parenting
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El Papel de los Padres en el Desarrollo de la Competencia Social
Shirley G. Moore
EDO-PS-97-15
Abril 1997
A medida que el niño crece, dejando la infancia, y se acerca a la edad en que empieza a caminar, una de las tareas de los padres es iniciar su contacto con otros niños de su edad. Desde luego, los padres se interesan por las interacciones más tempranas de sus hijos con sus compañeros, pero con el paso del tiempo, se preocupan más por la habilidad de sus hijos a llevarse bien con sus compañeros de juego. En términos de definición, el término llevarse bien tiene distintas interpretaciones, pero en general, los padres quieren que sus hijos disfruten de la compañía de los otros niños, que éstos los quieran a sus hijos, que se porten bien cuando están juntos (por ejemplo, compartir y cooperar con ellos) y que resistan la influencia de los compañeros quienes son más bulliciosos, agresivos o desafiantes en relación con la autoridad de los adultos.

¿Cómo pueden ayudar los padres a que sus hijos sean competentes socialmente y bien queridos por sus compañeros de juego, sin dejarse influir por los que manifiestan comportamientos negativos? ¿Qué cosas nos indica la investigación reciente al respecto? Mientras que las relaciones entre los compañeros de grupo son sólo uno de los muchos tipos de relaciones sociales que un niño debe aprender, no es de sorprenderse saber que los estudios que analizan el estilo en que los padres educan a sus hijos nos indiquen algunas "pistas" que ayudan a entender el desarrollo de dones sociales dentro de un grupo social de niños. Muchos investigadores, como por ejemplo Diana Baumrind, Martin Hoffman y Martha Putallaz, han hecho contribuciones significativas al análisis de este tema.

La investigación de Diana Baumrind es particularmente notable. Ella ha publicado una serie de estudios sobre la relación entre los estilos paternos de educar a los niños y la competencia social de los niños de edades preescolar y escolar. Los datos de sus estudios sobre niños de edad preescolar se consiguieron a través de observaciones hechas en centros escolares, y también en el laboratorio, cuando los niños tenían entre cuatro y cinco años. Los datos sobre los padres de estos niños fueron obtenidos a través de observaciones en casa y en entrevistas con las madres y los padres. En los estudios se identificaron tres distintos estilos paternos: el autoritario, el pasivo y el autoritativo. Cada uno de estos estilos tiene implicaciones en lo que es la competencia social de los niños para con los compañeros de juego y los adultos. Los tres estilos se difieren de manera significativa en dos distintas dimensiones de educar a los hijos: el porcentaje de ternura que demuestran los padres durante la interacción con sus hijos, y el porcentaje de control que demuestran los padres sobre las actividades de los niños y su comportamiento.

Los padres autoritarios tienden a manifestarles menos ternura a sus hijos y más control comparado con los otros tipos de padres. Ellos establecen normas de comportamiento absolutas para sus hijos que no se pueden cuestionar ni negociar. Ellos optan por una disciplina forzosa y requieren una obediencia inmediata. Los padres autoritarios tampoco tienen una tendencia a utilizar métodos persuasivos más cariñosos como el afecto, el elogio y los premios con sus hijos. Por consiguiente, los padres autoritarios tienden a modelar los modos más agresivos de resolución de conflictos y son menos atentos en el modelaje de comportamientos más cariñosos y afectivos en la interacción con sus hijos.

En contraste con este modo paterno, los padres más permisivos tienden a manifestarles más ternura a sus hijos, de un nivel moderado a alto, y menos control paterno. Estos padres son poco exigentes para con sus hijos y tienden a ser inconstantes en cuanto a la aplicación de la disciplina. Ellos aceptan los impulsos, los deseos y las acciones de sus hijos y son menos propensos a vigilar su comportamiento. Aunque sus hijos tienden a ser niños amigables y sociables, en comparación con los otros niños de su edad les falta el conocimiento del comportamiento apropiado para situaciones sociales básicas y toman poca responsabilidad por su mala conducta.

Los padres autoritativos, en cambio, tienden a ser altamente cariñosos, y moderados en términos del control paterno en lo que es el comportamiento de los niños. Es justamente esta combinación de estrategias paternas que Baumrind y otros investigadores consideran como la más facilitativa en el desarrollo de la competencia social en los niños durante su temprana niñez y aun después. La siguiente discusión describe los comportamientos específicos que los padres autoritativos utilizan y el papel que éstos juegan en el fomento del desarrollo social.

El Caso a Favor del Cariño

Los comportamientos paternos basados en el cariño que promueven la competencia social en los niños incluyen la interacción afectuosa y amistosa para con el niño; la consideración de sus sentimientos, deseos y necesidades; un interés en sus actividades cotidianas; un respeto por sus puntos de vista; la expresión del orgullo paterno en términos de sus logros; y el apoyo y el aliento al niño cuando se enfrenta con épocas de gran presión en su vida.

Las ventajas de ofrecerle mucho cariño al niño en el fomento del desarrollo social han sido repetidamente confirmadas en los estudios. Estas ventajas comienzan en la infancia cuando el cariño materno facilita una relación segura, la cual, a su vez, enfatiza la competencia social que contin&uacutea durante la niñez. De hecho, la existencia de altos niveles de cariño en la crianza de los niños asegura que habrá más interacciones positivas que negativas entre los adultos y los niños en la vida familiar diaria. Esto, al mismo tiempo, predispone al niño a corresponderles a los padres el cariño y a disfrutar del tiempo que pasa con ellos, lo cual aumenta la probabilidad de que sean los padres una influencia significativa durante su niñez. La crianza paterna cariñosa también motiva al niño a complacerles a los padres al estimularlo a satisfacer las expectativas paternas; asimismo, ayuda al niño a no herir o decepcionar al padre querido. Debido a que los niños se identifican más frecuentemente con los modelos paternos cariñosos, los niños de padres cariñosos tienden a incorporar los valores paternos, como la consideración y la justicia en las relaciones interpersonales, a su propio estilo de vida. Se cree, además, que estos niños resistirán más los valores de su grupo de compañeros claramente diferentes a los valores familiares.

Si es que existe un elemento negativo en el uso de altos niveles de cariño en la crianza de un niño, es el riesgo de que los padres cariñosos sean menos atentos en el desafío del niño a medirse con las normas apropiadas del comportamiento. Este riesgo parece disminuir, empero, con la inclinación de los padres autoritativos a combinar los niveles moderados de control paterno con el cariño.

El Caso a Favor del Control Moderado

Los padres cariñosos, que mantienen al menos un nivel de control moderado con respecto a sus hijos, no ceden su derecho a fijar normas de comportamiento para el niño y a comunicarle la importancia de ceñirse a las normas establecidas. Para facilitar la conformidad, y como cortesía al niño, los padres autoritativos ofrecen razones y explicaciones para justificar sus peticiones especiales. La evidencia de los estudios sugiere que tal práctica aumenta la comprensión del niño en términos de las reglas impuestas, haciendo que sea posible para el niño vigilar su propio comportamiento cuando los padres no están presentes.

Los padres que utilizan prácticas de crianza autoritativas con frecuencia recurren al mismo tiempo a estímulos positivos como el elogio, la aprobación, y los premios, para aumentar la conformidad del niño en términos de las normas de conducta. De hecho, el éxito del refuerzo positivo en producir resultados deseables en en término del comportamiento es de sobra conocido. Una respuesta positiva de un padre ante el buen comportamiento puede ser el factor más poderoso en lo que es el aumento de la conformidad del niño y la disminución de la necesidad de recurrir a acciones disciplinarias.

Cuando la mala conducta ocurre y se cree que la disciplina es necesaria, los padres autoritativos muestran una preferencia por un modo de disciplina racional e inductivo en el que se discuten ambas partes de un asunto y se procura una solución justa. Estos padres también prefieren un modo disciplinario orientado hacia las consecuencias de las acciones a través del cual el niño se ve obligado a compensar por su mala conducta. Martin Hoffman señala que esta estrategia disciplinaria tiene la ventaja de que se enfoca la atención del niño hacia el daño hecho a la víctima más que el daño del niño en manos de un padre furioso por su mala conducta.

Finalmente, los padres autoritativos intentan evitar las formas de castigo más extremas al criar a sus hijos. No favorecen el uso del castigo físico o verbal extremos, como ridiculizarlos o compararlos de manera social negativa, los cuales atacan el sentido de autoconfianza del niño. Aunque las formas de castigo más fuertes pueden ser eficaces en el corto plazo, con frecuencia generan una sensación de resentimiento y hostilidad que puede manifestarse en la vida escolar, o dentro del grupo social del niño, lo cual reduce la competencia social del niño en estos ámbitos.

Resumen

En la crianza de un niño, como en toda tarea, nada funciona siempre. Se puede decir con seguridad, sin embargo, que el modo autoritativo de crianza funciona mejor que los otros estilos paternos en lo que es facilitar el desarrollo de la competencia social en el niño tanto en casa como en su grupo social. Los altos niveles de cariño, combinados con niveles moderados de control paterno, ayudan a que los padres sean agentes responsables en la crianza de sus hijos y que los niños se vuelvan miembros maduros y competentes de la sociedad. Con un poco de suerte, los niños de padres autoritativos pueden disfrutar de mucho éxito dentro de su grupo social.

Traducción: John Paul Spicer-Escalante

Para Más Informacion

Baumrind, D. (1971). Current Patterns of Parental Authority. Developmental Psychology Monographs 4: 1-103.

Hoffman, M.L. (1975). Moral Internalization, Parental Power, and the Nature of Parent-Child Interaction. Developmental Psychology 11: 228-239. EJ 116 432.

Putallaz, M. (1987). Maternal Behavior and Children's Sociometric Status. Child Development 58: 324-340. EJ 354 567.

Referencias generales sobre las relaciones entre pares:

Asher, S.R., y Coie, J.D., Eds. (1990). Peer Rejection in Childhood. Nueva York: Cambridge University Press.

Ramsey, P.G. (1991). Making Friends in School: Promoting Peer Relationships in Early Childhood. Nueva York: Teacher's College Press.



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