Diciembre 2001
¿Qué es una escuela charter?
Una escuela charter es una escuela pública de elección que se establece por medio de un contrato que especifica los procedimientos de operación de la escuela y el plazo durante el cual recibirá apoyo público. En la mayoría de los casos, una junta estatal o local de educación expide el contrato o charter de la escuela individual. Algunos estados han creado juntas de educación específicamente responsables por la supervisión de escuelas charter (B. Nelson et al., 2000).
Como se ha descrito (Finn et al., 2000), una escuela charter se considera un híbrido de las escuelas públicas y privadas. Como las escuelas públicas, las escuelas charter son de inscripción abierta, aunque algunas tienen un enfoque específico que probablemente atraiga a algunas familias más que a otras. Sin embargo, las escuelas charter se asemejan a las privadas por ser independientes y autónomas, y porque los alumnos, padres y maestros optan por participar en ellas. Diferente de las escuelas tradicionales tanto públicas como privadas, las escuelas charter son consideradas por algunas personas como más responsables del rendimiento estudiantil, ya que se las podría clausurar si dejaran de producir los resultados prometidos o deseados (Finn et al., 2000).
Actualmente, 37 estados, además del Distrito de Columbia y Puerto Rico, permiten la fundación de escuelas charter (B. Nelson et al., 2000; Sandham, 2001). La legislación de las escuelas charter se diferencia de un estado a otro, pero la mayoría de los estados permiten el establecimiento de escuelas charter por organizaciones públicas, privadas o cívicas. Distritos escolares, universidades, grupos comunitarios y grupos de padres de familia han optado por iniciar escuelas charter (Finn et al., 2000; Schneider, 1999). Por lo general, las escuelas charter son nuevas escuelas creadas o son escuelas pre-existentes públicas o privadas que se convierten a charter para tener más autonomía o más acceso a los fondos públicos (Northwest Regional Education Laboratory [NWREL], 2000). El gobierno federal ve en las escuelas charter una manera de incrementar la variedad escolar y se propone proveer fondos para las mismas (Bush, 2001).
Muchas escuelas charter se iniciaron para disminuir las deficiencias en el desempeño existentes mejorando las oportunidades educativas disponibles para ciertos segmentos de la población estudiantil o para promover tanto habilidades sociales específicas como cuestiones académicas. Los ejemplos de agendas de escuelas charter incluyen la asistencia a estudiantes difíciles de educar, la enseñanza de un plan multicultural de estudios y el fomento de un plan de estudios que acentúe la resolución de conflictos además de otras habilidades sociales (Schneider, 1999). Algunas de estas escuelas también han establecido contratos con compañías con fines de lucro para la provisión de muchos servicios, como el servicio alimenticio, el plan de estudios o la dirección.
¿Qué dice la gente de las escuelas charter?
Desde la aprobación en 1991 de la primera ley con relación a ellas, las escuelas charter han seguido obteniendo el interés y el apoyo nacional. Sus proponentes creen que las escuelas charter constituyen una alternativa práctica a las escuelas tradicionales, ya que permiten a los padres escoger las escuelas a las cuales asistirán sus hijos sin tener que pagar la matrícula. Los defensores sostienen además que ayudan a promover mejoras en las escuelas públicas con el incremento de competencia entre escuelas (Finn et al., 2000; Lasley & Bainbridge, 2001).
Los oponentes sostienen que las escuelas charter podrían tener un efecto dañino sobre la educación pública. Mientras las escuelas charter incrementan la variedad escolar, algunos afirman que también quitan los recursos de escuelas públicas urbanas y rurales que atienden a estudiantes de familias de bajos ingresos. Además, el hecho de que más de la mitad de las escuelas charter actualmente en existencia atienden sólo a estudiantes de grados primarios sugiere que no han hecho ningún impacto significativo en la selección de escuelas intermedias y secundarias (Lasley & Bainbridge, 2001).
Otra crítica de las escuelas charter trata sobre su falta de estabilidad. Desde 1992, 59 escuelas charter se han abierto y cerrado; 27 escuelas se cerraron sólo en el transcurso del año escolar 1998-1999 (B. Nelson et al., 2000). Muchas clausuras parecen haber sido el resultado de graves problemas financieros o administrativos (Archer, 2000). El financiamiento es frecuentemente de mayor incumbencia, ya que la mayoría de las escuelas charter no reciben los fondos suficientes para cubrir ni los recintos ni los otros gastos relacionados (Finn et al., 2000). Además, al aprobar los presupuestos de escuelas charter, la mayoría de las políticas financieras estatales no toman en consideración los costos de los recintos, del transporte o de los recursos para estudiantes de "alto riesgo" o de educación especial (F. Nelson et al., 2000).
No obstante, muchas escuelas charter han aprendido a funcionar exitosamente reduciendo sus costos. Algunas estrategias empleadas para bajar los costos incluyen la contratación de maestros no certificados, el uso de padres y otros voluntarios en lugar de personal pagado en puestos no certificados y la provisión de servicios solamente académicos o relacionados al salón de clases.
¿Qué dice la investigación sobre las escuelas charter?
La mayoría de la investigación sobre escuelas charter ha comparado los reglamentos que gobiernan a las escuelas charter en diversos estados, ha examinado la satisfacción de los padres, ha descrito la manera en que estas escuelas afectan y se diferencian de las escuelas públicas tradicionales, ha asesorado la efectividad de la asistencia prestada por las escuelas charter a poblaciones específicas de alumnos o ha discutido el lugar que tienen esta escuelas en la educación pública (Cheung et al., 1998; Fiore et al., 2000; Jennings et al., 1998; Borsa et al., 1999; B. Nelson et al., 2000; Rhim & McLaughlin, 2000; Zollers & Ramanathan, 1998).
Hasta la fecha, los datos de investigación sobre escuelas charter generalmente se han obtenido por medio del uso de encuestas y cuestionarios. Debido al poco tiempo de la existencia de escuelas charter y a los distintos enfoques usados para evaluarlas, es difícil determinar si la asistencia a escuelas charter mejora el rendimiento académico estudiantil.
En uno de los pocos estudios referentes al logro académico (Cheung et al., 1998), se emplearon encuestas para asesorar el impacto de las escuelas charter en el logro de los alumnos. Se concluyó que los alumnos matriculados en 21 de las 31 escuelas charter revisadas mejoraron su rendimiento en dos rondas de los mismos exámenes normalizados de desempeño después de matricularse en una escuela charter. Sin embargo, los autores advierten que no se deben hacer comparaciones del logro de alumnos de escuelas charter con los que asistan a otras escuelas públicas. Por ejemplo, las escuelas charter que atienden a familias de bajos ingresos o a estudiantes que no hablan inglés en casa se podrían ver como un fracaso académico al compararlas con escuelas de distritos locales que atienden a un grupo más amplio de estudiantes (Cheung et al., 1998).
Por lo general, los investigadores parecen acordar que los padres que utilizan las escuelas charter se sienten satisfechos con ellas por la oportunidad que tienen de escoger las escuelas ellos mismos (Finn et al., 2000; Teske et al., 2000). Algunos padres también creen que las escuelas charter ofrecen una educación y un medio-ambiente de más sensitividad cultural que las escuelas tradicionales (Schnaiberg, 2000).
Otra área común de investigación relacionada con escuelas charter es la educación especial. Muchas leyes estatales sobre las escuelas charter hacen poca o ninguna mención de cómo se espera que estas escuelas atiendan a los estudiantes con deshabilidades. Muchas escuelas charter optan por disuadir a los estudiantes con deshabilidades de matricularse o no cumplen con los reglamentos federales de la educación especial, ya que consideran estos servicios demasiado caros para ofrecerlos (Jennings et al., 1998; Rhim & McLaughlin, 2000; Zollers & Ramanathan, 1998). Aunque es ilegal que las escuelas públicas discriminen en la matriculación de alumnos, muchas escuelas charter no se encuentran preparadas para servir a alumnos con deshabilidades.
Otros hallazgos notables de la investigación incluyen:
- Las escuelas charter podrían desanimar la matriculación de algunas familias pobres, trabajadoras y de minorías al obligarlas a donar tiempo como voluntarias y al no ofrecer transporte y comida gratis para los estudiantes elegibles (Schnaiberg, 2000).
- La composición racial de escuelas charter suele seguir el mismo patrón de las escuelas públicas del área (B. Nelson et al., 2000).
- La mayoría de las escuelas charter no requieren la certificación de sus maestros (Borsa et al., 1999).
[Traducción: Theresa Arellano]
Para más información
Archer, J. (2000). Accountability measures vary widely. Education Week, 19(36), 1, 18-20.
Borsa, J., Ahmed, M. y Perry, K. (1999, August). Charter school governance. Paper presented at the annual meeting of the National Council of Professors of Educational Administration, Jackson Hole, WY. ED 436 856.
Bush, G. W. (2001). No child left behind [En línea]. Disponible: http://ed.gov/inits/nclb/titlepage.html. Editor's note: This url has changed:changed:http://www.ed.gov/nclb/landing.jhtml?src=pb
Cheung, S., Murphy, M. E. y Nathan, J. (1998). Making a difference? Charter schools, evaluation, and student performance. Minneapolis, MN: Center for School Change. ED 419 296.
Finn, C. E., Manno, B. V. y Vanourek, G. (2000). Charter schools in action: Renewing public education. Princeton, NJ: Princeton University Press. ED 451 273.
Fiore, T. A., Harwell, L. A., Blackorby, J. y Finnigan, K. S. (2000). Charter schools and students with disabilities: A national study. Washington, DC: Office of Educational Research and Improvement. Disponible: http://www.uscharterschools.org/pdf/fr/sped_natl_study.pdf.
Jennings, W., Premack, E., Adelmann, A. y Solomon, D. (1998). A comparison of charter school legislation: Thirty-three states and the District of Columbia incorporating legislative changes through October 1998. Washington, DC: U.S. Department of Education.
Lasley, T. J., II, y Bainbridge, W. L. (2001). Unintended consequences. Education Week, 19(33), 38, 42.
Nelson, B., Berman, P., Ericson, J., Kamprath, N., Perry, R., Silverman, D. y Solomon, D. (2000). The state of charter schools 2000: Fourth-year report. Washington, DC: Office of Educational Research and Improvement. Disponible:http://www.ed.gov/pubs/charter4thyear/. ED 437 724. Nota del Editor: Esta dirección de Internet ya no está activa.
Nelson, F. H., Muir, E. y Drown, R. (2000). Venturesome capital: State charter school finance systems. Washington, DC: Office of Educational Research and Improvement. ED 448 514.
Northwest Regional Education Laboratory (NWREL). (2000). Charter schools [En línea]. Disponible: http://www.nwrel.org/charter/.
Rhim, L. M., y McLaughlin, M. J. (2000). Charter schools and special education: Balancing disparate visions. Alexandria, VA: National Association of State Directors of Special Education. ED 444 297.
Sandham, J. L. (2001). Indiana legislature passes charter school law. Education Week, 20(32), 20, 23.
Schnaiberg, L. (2000). Charter schools: Choice, diversity may be at odds. Education Week, 19(35), 1, 18-20.
Schneider, J. (1999). Five prevailing charter types. School Administrator, 56(7), 29-31. EJ 589 466.
Teske, P., Schneider, M., Buckley, J. y Clark, S. (2000). Does charter school competition improve traditional public schools? New York: Center for Civic Innovation at the Manhattan Institute. Disponible: http://www.manhattan-institute.org/html/cr_10.htm.
U.S. Charter Schools [En línea]. (2000). Disponible: http://www.uscharterschools.org.
Zollers, N. J., y Ramanathan, A. K. (1998). For-profit charter schools and students with disabilities. Phi Delta Kappan, 80(4), 297-304. EJ 577 268.

