Clearinghouse on Early Education and Parenting
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Los estudiantes que se mudan de escuela y el logro académico
Russell W. Rumberger
EDO-PS-02-6
agosto 2002
La movilidad estudiantil--las mudanzas de estudiantes de una escuela a otra por motivos que no incluyen la promoción al siguiente grado escolar--es muy común en los Estados Unidos. Durante todos los años de la escuela primaria y secundaria, la mayoría de los estudiantes hace por lo menos un cambio de escuela no motivado por la promoción a otro grado (Rumberger et al., 1999). Muchos educadores creen que la movilidad estudiantil es un resultado inevitable de los cambios de residencia de los alumnos. Verdaderamente, los datos del Censo Estadounidense del año 2000 revelan que del 15% al 18% de niños de edad escolar se mudó el año anterior (véase http://www.census.gov/prod/2001pubs/p20-538.pdf). También hay evidencia que la reforma de los programas de asistencia social influye en los cambios de escuela, ya que los padres se mudan para aceptar nuevos empleos.

Sin embargo, la investigación también ha hallado que entre el 30% y el 40% de los cambios de escuela no se asocian con ningún cambio de residencia (Kerbow, 1996; Rumberger et al., 1999). Los factores escolares como la sobrepoblación, la reducción del número de estudiantes en cada clase, las reglas disciplinarias de suspensión y expulsión y el clima social y académico general también contribuyen a aumentar la movilidad estudiantil. El aumento de opciones paternas aportadas por la ley No Child Left Behind (Ningún Niño Se Queda Atrás) también podría contribuir con el tiempo a aumentar la movilidad. Este Digest examina la investigación sobre las consecuencias académicas de la movilidad de estudiantes de primaria y discute lo que las escuelas y los padres pueden hacer para aliviar los efectos negativos de mudarse de escuela.

La investigación sobre el logro académico

Numerosos estudios han examinado el impacto de la movilidad en varios aspectos del logro académico: las notas de exámenes y de cursos, la repetición de grados y la finalización de la secundaria. Como es cierto en todo estudio de investigación, es limitada la información que estos estudios aportan. Ya que los estudiantes que se mudan podrían tener problemas personales y familiares que contribuyan a la movilidad, los estudios deberían tomar en cuenta estas características anteriores a fin de determinar si la movilidad en sí es la causa de problemas de logros subsiguientes y de otros problemas escolares.

Los estudios que no controlan los antecedentes de los estudiantes hallan consistentemente que los estudiantes móviles tienen un promedio de logros más bajo que los estudiantes estables, es decir, no móviles. Por ejemplo, un estudio nacional de alumnos del tercer grado halló que los cambios frecuentes de escuela se asociaban con una amplia gama de problemas, abarcando los problemas de nutrición y salud, notas de lectura más bajas que el promedio de su grado y la repetición de grados (U.S. General Accounting Office, 1994).

No obstante, los estudios que sí toman en cuenta las diferencias de antecedentes hallan que la movilidad quizá sea más un síntoma que una causa de los bajos logros académicos. Un estudio de alumnos móviles de Chicago halló que la mitad de las diferencias de logro entre los estudiantes móviles y los estables podía atribuirse a diferencias entre los estudiantes que precedían a los cambios de escuela (Temple y Reynolds, 1997). Un estudio bien diseñado de estudiantes de primaria en Baltimore halló que, aunque la movilidad en los años de primaria tenía una asociación negativa con las notas en exámenes y cursos, la repetición de grados y la remisión a educación especial en el quinto grado, dicha asociación fue en su mayor parte insignificante una vez que se introdujeron controles para el desempeño familiar y académico en el primer grado (Alexander, Entwisle y Dauber, 1996). En otras palabras, los estudiantes móviles eran de familias más pobres y sus logros académicos eran más bajos antes de que fueran móviles, hallazgo apoyado por otros estudios (Nelson et al., 1996).

Varios estudios nacionales también han examinado el impacto de la movilidad estudiantil en el logro académico de estudiantes de todos los grados. Estos estudios se basaban en una encuesta nacional de salud que controlaba las características demográficas de los alumnos pero no el logro académico previo. Estos estudios hallaron que sólo las mudanzas frecuentes--tres o más veces--de las familias predecían la repetición de grados (Simpson y Fowler, 1994; Wood et al., 1993). Sin embargo, otro estudio basado en los mismos datos halló que hasta un solo cambio de residencia tenía un impacto negativo en una combinación de aspectos académicos y de conducta en el rendimiento escolar, aunque la asociación negativa sólo se encontraba entre niños que no vivían con ambos progenitores (Tucker, Marx y Long, 1998). Los autores sugieren que las familias de dos padres tal vez tengan más de lo que se llama "capital social" que pueda ayudar a mitigar los efectos de la movilidad de residencia (Coleman, 1987).

Finalmente, hay fuerte evidencia que la movilidad, tanto durante la primaria como la secundaria, disminuye las expectativas de graduación. Un estudio que siguió a unos niños desde la niñez temprana hasta los primeros años de la madurez halló que la movilidad residencial redujo las posibilidades de graduarse del colegio aun después de tomar en cuenta un buen número de variables de antecedentes familiares (Haveman y Wolfe, 1994). Varios estudios basados en la misma base de datos nacionales de más de 10,000 estudiantes de secundaria hallaron que la movilidad de escuela entre los grados primero y octavo aumenta la posibilidad de dejar la escuela, aun después de tomar en cuenta el logro en el octavo grado y otros factores (Rumberger y Larson, 1998; Swanson y Schneider, 1999; Teachman, Paasch y Carver, 1996).

¿Qué puede hacerse?

La respuesta a esta pregunta depende de cómo uno se plantee este fenómeno. Algunos cambios de residencia se perciben como una actividad estratégica iniciada por los estudiantes y sus familias para servir sus propios intereses y preferencias educativas. Y quizás hay poco que pueda hacerse para prevenir la movilidad cuando resulta de las decisiones familiares de cambiar de trabajos o de residencias. En este caso, la única respuesta tal vez sea la de informarles a los estudiantes y a sus padres sobre los posibles problemas que puedan resultar del cambio de escuela y cómo aliviarlos.

No obstante, cierto grado de movilidad no es ni estratégico ni se relaciona con las mudanzas. Más bien, tanto los alumnos como las escuelas inician las transferencias estudiantiles como resultado de preocupaciones sociales y académicas. En consecuencia, mucho puede y debe hacerse tanto para impedir ciertos tipos de movilidad, especialmente los motivados por factores escolares, como para mitigar algunos de los efectos dañinos de la movilidad.

Aunque la investigación formal no apoya esta idea, la experiencia sugiere que las escuelas y los padres pueden ayudar a reducir la movilidad innecesaria y aliviar sus efectos dañinos. Las escuelas y los distritos pueden limitar políticas como las de re-dividir los distritos que contribuyen a la movilidad innecesaria. La estrategia más general, pero potencialmente la más eficaz para reducir la movilidad, es la de mejorar la calidad general de la escuela. Estudios de casos particulares han sugerido que las reformas escolares sustanciales y significativas pueden reducir dramáticamente la tasa de movilidad estudiantil de una escuela. Por ejemplo, en un plazo de tres años, la Hollibrook Accelerated School (Escuela Acelerada Hollibrook) en Houston, Texas, EE.UU., disminuyó su tasa de movilidad estudiantil del 104% al 47% (McCarthy y Still, 1993). Los distritos escolares también podrían ser flexibles en cuanto a las fronteras de sus escuelas y ofrecer transporte y otras formas de apoyo para ayudar a los estudiantes de familias de bajos ingresos a quedarse en sus escuelas. Los distritos también podrían cooperar entre sí para apoyar a los estudiantes que se mudan de uno a otro.

Además de estos esfuerzos en gran escala, los consejeros, administradores y otro personal escolar pueden:

  • Aconsejar a los alumnos a quedarse en la misma escuela si fuera posible. El personal puede tener sesiones de resolución de problemas con un estudiante que se está por mudar para ver si éste/a pudiera quedarse por lo menos hasta el fin del año escolar--por ejemplo, si el estudiante pudiera usar el transporte público o si un familiar pudiera transportarlo si se mudara de la zona escolar.
  • Prepararse de antemano para los estudiantes nuevos y facilitar su transición en cuanto lleguen.
  • Establecer actividades y procedimientos continuos para satisfacer las necesidades de estudiantes nuevos.
  • Evaluar el historial de matriculación de estudiantes entrantes, incluso el número de cambios previos de escuela, y seguir de cerca el progreso educativo de estudiantes con tres o más cambios previos de escuela.

También es posible que los padres y estudiantes prevengan la movilidad innecesaria a la vez de ayudar a mitigar los efectos potencialmente dañinos de la movilidad que sea necesaria o deseable:

  • Los alumnos y los padres pueden intentar resolver los problemas en la escuela antes de iniciar un cambio de escuela.
  • Si fuera posible, los estudiantes deberían mudarse de escuela entre los semestres o al fin del año escolar.
  • Cuando se hace una mudanza, los padres deberían registrar personalmente al estudiante en su nueva escuela y reunirse con un consejero escolar. También deberían asegurar que los archivos escolares de su hijo de la escuela anterior se enviaran oportunamente.
  • Los padres deberían hacer una cita de seguimiento con un consejero escolar y los maestros dos o tres semanas después de una mudanza para ver cómo su hijo se va ajustando a la nueva escuela.

Conclusión

Aunque un conjunto apreciable de investigación sugiere que los cambios de escuela pueden tener efectos psicológicos, sociales y académicos en los estudiantes, el impacto de la movilidad depende de factores tales como el número de cambios de escuela, cuándo ocurren, los motivos para los cambios y la situación personal y familiar del estudiante.

Traducción: Berkeley Hinrichs

Para más información

Alexander, K. L., Entwisle, D. R. y Dauber, S. L. (1996). Children in motion: School transfers and elementary school performance. Journal of Educational Research, 90(1), 3-12. EJ 538 467.

Coleman, J. S. (1987). Families and schools. Educational Researcher, 16(6), 32-38. EJ 363 043.

Haveman, R., y Wolfe, B. (1994). Succeeding generations: On the effects of investments in children. New York: Russell Sage Foundation.

Kerbow, D. (1996). Patterns of urban student mobility and local school reform. Journal of Education of Students Placed at Risk, 1(2), 147-169. EJ 531 794.

McCarthy, J., y Still, S. (1993). Hollibrook Accelerated Elementary School. In J. Murphy y P. Hallinger (Eds.), Restructuring schooling: Learning from ongoing efforts (pp. 63-83). Newbury Park, CA: Corwin Press. ED 357 437.

Nelson, P. S., Simoni, J. M. y Adelman, H. S. (1996). Mobility and school functioning in the early grades. Journal of Educational Research, 89(6), 365-369. EJ 536 814.

Rumberger, R. W., y Larson, K. A. (1998). Student mobility and the increased risk of high school dropout. American Journal of Education, 107(1), 1-35. EJ 583 043.

Rumberger, R. W., Larson, K. A., Ream, R. K. y Palardy, G. J. (1999). The educational consequences of mobility for California students and schools. Berkeley, CA: Policy Analysis for California Education. ED 441 040.

Simpson, G. A., y Fowler, M. G. (1994). Geographic mobility and children's emotional/behavioral adjustment and school functioning. Pediatrics, 93(2), 303-309.

Swanson, C. B., y Schneider, B. (1999). Students on the move: Residential and educational mobility in America's schools. Sociology of Education, 72(1), 54-67. EJ 590 424.

Teachman, J. D., Paasch, K. y Carver, K. (1996). Social capital and dropping out of school. Journal of Marriage and the Family, 58(3), 773-783. EJ 537 275.

Temple, J., y Reynolds, A. J. (1997, April). Predictors and consequences of school mobility for urban black children from low-income families. Paper presented at the annual meeting of the American Educational Research Association, San Francisco, CA.

Tucker, C. J., Marx, J. y Long, L. (1998). "Moving on": Residential mobility and children's school lives. Sociology of Education, 71(2), 111-129. EJ 568 057.

U.S. General Accounting Office. (1994). Elementary school children: Many change schools frequently, harming their education. Washington, DC: Author. ED 369 526.

Wood, D., Halfon, N., Scarlata, D., Newacheck, P. y Nessim, S. (1993). Impact of family relocation on children's growth, development, school function, and behavior. Journal of the American Medical Association, 270(11), 1334-1338.



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