Una masa creciente de evidencia indica que los programas preescolares de desarrollo infantil de buena calidad contribuyen al desarrollo de corto y largo plazo de niños que viven en la pobreza. Unas reseñas literarias recientes resumen esta evidencia (Barnett, en prensa; Currie, 2000; Karoly et al., 1998). Ciertos estudios recientes han sido experimentales, abarcando la asignación al azar de niños y familias a grupos que asisten o que no asisten a programas y ofreciendo la evidencia más inequívoca de los efectos de los programas. Otros estudios recientes han sido casi-experimentales, abarcando un grupo que no asiste a programas pero sin asignación al azar o sin ningún grupo de comparación; estos estudios nunca refutan por completo las explicaciones alternativas, pero sí permiten que se examine la evidencia en situaciones donde el diseño experimental era imposible. Este Digest resume los estudios experimentales y casi-experimentales de Head Start y programas similares.
octubre 2002
Estudios experimentales recientemente publicados
Una evaluación del Head Start Comprehensive Child Development Program (Goodson et al., 2000--Programa Comprensivo del Desarrollo Infantil Head Start) asignó al azar a 4.410 niños y familias que vivían en la pobreza en 21 localidades a asistir a este programa o a ningún programa y los siguió por 5 años. Aunque los servicios comprensivos del programa se centraron en la asignación de un asistente social a cada familia para ayudarles a satisfacer sus necesidades, sólo el 58% del grupo asignado a un programa realmente se reunió con un asistente social, tal como lo hizo el 18% del grupo de control, debido a su participación en otros programas. Tal vez en parte debido a que esta diferencia en la asistencia entre los grupos sólo era del 40% en vez del 100% que podría esperarse, el estudio no encontró efectos de significado estadístico en los resultados ni de los niños ni de los padres, planteándose así la cuestión de si las familias que utilizan los programas de la niñez temprana realmente se benefician al reunirse con los asistentes sociales.
Una evaluación de como 3.000 bebés y niños de hasta tres años de edad y sus familias de bajos ingresos en el programa federal Early Head Start, iniciado en 1995, ha hallado efectos producidos por el programa hasta la edad de 2 años (Administration on Children, Youth, and Families, 2001b). En comparación con un grupo de control asignado al azar, los niños de Early Head Start lo superaron por un margen modesto pero significativo en exámenes del desarrollo cognitivo, lingüístico y social-emocional y sus padres superaron por mucho a los padres del grupo de control en exámenes del comportamiento paternal y el conocimiento del desarrollo de bebés y niños pequeños. La evaluación sigue en marcha, para saber si estos efectos tempranos se mantienen con el crecimiento de los niños.
Dos evaluaciones del Even Start Family Literacy Program (Planning and Evaluation Service, 1998--Programa Familiar de Alfabetización Even Start) asignaron al azar a niños y familias al programa Even Start o no. Del grupo de Even Start, un porcentaje un tanto más grande que el grupo de control recibió varios servicios. Por ejemplo, el 95% versus el 60% participaron en la educación de la niñez temprana. Por consiguiente, ambos grupos tuvieron aumentos, el grupo de Even Start teniendo aumentos mayores--la alfabetización de adultos, la obtención del GED (equivalente al diploma de la secundaria--el 22% vs. el 6% en uno de los estudios), la estimulación cognitiva y el apoyo emocional familiar y el vocabulario de los niños. Los pequeños de Even Start mejoraron sus habilidades básicas de preparación para la escuela (por ej., reconocimiento de colores, formas geométricas y tamaños), pero sus compañeros que no asistieron al Even Start lograron igualar sus capacidades un año después, hallazgo común respecto a los logros intelectuales en programas preescolares.
El estudio Carolina Abecedarian Project asignó al azar a 111 bebés de familias de bajos ingresos a grupos que sí y que no asistían a programas y recogió datos acerca de 104 de ellos a la edad de 21 años (Campbell et al., 2001). El programa de cuidado infantil de tiempo completo se centró en las actividades educativas parecidas a juegos destinados a fomentar el desarrollo cognitivo, de motricidad y de desarrollo social. Este es el primero de tales estudios que encontró beneficios al asistir a un programa durante la carrera escolar de los participantes en cuanto a sus logros intelectuales y académicos. Otros hallazgos abarcaron el que más participantes estudiaban a los 21 años (40% vs. 20%), más asistían a una universidad de 4 años en algún momento de su vida (35% vs. 14%) y la edad promedio para el nacimiento del primer hijo era mayor (19.1 vs. 17.7).
En 1997, la U.S. General Accounting Office (Oficina de Contabilidad General de EE.UU.) observó que ningún estudio había evaluado los efectos de programas típicos de Head Start (en contraste con los programas modelo) utilizando diseños experimentales que asignaran a niños al azar a grupos de asistir y no asistir a un programa. La reautorización en 1998 de Head Start posibilitó la formación del Advisory Committee on Head Start Research and Evaluation (1999--Comité Asesor de la Investigación y Evaluación de Head Start) para que recomendara un sistema conceptual para el estudio del impacto de Head Start. El National Head Start Impact Study (Estudio Nacional del Impacto de Head Start), ya en progreso, deberá proveer resultados útiles en unos años.
Estudios casi-experimentales recientemente publica
FACES es un estudio longitudinal continuo de 3.200 niños y familias que se registraron en 40 programas representativos de Head Start en los últimos cuatro meses de 1997. Aunque el estudio no incluyó a un grupo de cero asistencia como comparación, los resultados (Administration on Children, Youth, and Families, 2001a) revelaron que los niños de Head Start mejoraron sus habilidades de vocabulario, de escritura y sociales más de lo esperado en niños de su edad en estas materias y siguieron teniendo mejores habilidades de alfabetización y matemáticas durante el año de kindergarten. Se halló que los padres estaban muy satisfechos con Head Start, más de lo que estaban con otros programas federales. Las clases de Head Start recibieron tasaciones de alta calidad hechas por observadores ajenos entrenados y se halló que la mayoría de los maestros de Head Start tenían las calificaciones docentes requeridas.
Gilliam y Zigler (2000) reportan que hasta 1998 se habían evaluado 13 de los 33 programas preescolares estatales. Resumieron los resultados como prestando un apoyo modesto a los efectos positivos de los programas en el desarrollo de los niños, su asistencia y logros escolares y en la reducción de los porcentajes de retención de un grado escolar. Similarmente, una evaluación de los programas Smart Start de Carolina del Norte, no abarcada en esta reseña, halló evidencia de mejoras modestas en las habilidades de los niños según las tasaciones de los maestros al principio del kindergarten (Smart Start Evaluation Team, 1999).
Oden, Schweinhart y Weikart (2000) estudiaron a 622 adultos de 22 años de edad que nacieron en la pobreza y que habían asistido o no al Head Start. De las mujeres en el sitio que permitieron tales comparaciones, más alumnas de Head Start se graduaron de la secundaria u obtuvieron el GED (95% vs. 81%), y sólo un tercio fueron arrestadas por un crimen (5% vs. 15%). En el mismo sitio, el estudio comparó a los niños que habían participado en clases regulares de Head Start con los niños en clases de Head Start que utilizaban el sistema curricular High/Scope, en el que los maestros apoyan sistemáticamente las actividades intencionales de aprendizaje de los niños. Tanto los varones como las mujeres que habían experimentado el sistema High/Scope en vez de las clases regulares alcanzaron un promedio de notas más alto en la primaria (3.2 vs. 2.4 en una escala de 4 puntos) y tenían sólo 38% de las condenas criminales a los 22 años (0.54 vs. 1.41 condenas por persona). Los análisis independientes sugirieron que los efectos del programa probablemente se habían subestimado.
Currie y Thomas (1999) examinaron los efectos de Head Start en el estudio representativo National Longitudinal Survey of Youth (Encuesta Longitudinal Nacional de la Juventud) al comparar a niños que asistían a Head Start con sus hermanos que no asistían. Se identificó a los niños que habían asistido preguntándoles a sus madres. Al enfocarse en 750 niños latinos, hallaron que en relación con sus hermanos, los niños de Head Start tenían notas más altas en exámenes de vocabulario y matemática y menos probabilidades de repetir un grado escolar. Al aplicar el mismo método a los datos nacionales representativos del Panel Study of Income Dynamics (Estudio del Panel de Dinámicas de Ingresos), Garces, Thomas, y Currie (2000) hallaron efectos de largo plazo producidos por programas Head Start en una muestra de 255 adultos jóvenes en la terminación del secundario y colegio en blancos y en las convicciones de crímenes en afro-americanos.
Un estudio de seguimiento de los centros apoyados por fondos federales, Chicago Child-Parent Centers (Reynolds et al., 2001), examinó a 1.539 jóvenes de 20 años de edad, dos terceras partes de los cuales habían asistido a este programa preescolar comprensivo de día parcial, a los 3 y 4 años. Los participantes del programa lograron una tasa mayor de termina-ción de la secundaria (50% vs. 39%) y una tasa más baja de arrestos en la juventud (17% vs. 25%). El programa reportó un beneficio económico de $7.10 por cada dólar invertido, $3.83 de los cuales vuelven a los pagadores de impuestos.
En resumen, los estudios recientemente publicados de corto plazo han cuestionado el valor de los asistentes sociales como parte de los programas de la niñez temprana, han apoyado moderadamente los programas para bebés y niños de hasta 3 años de edad y han hallado que los programas para niños de 4 años de edad contribuyen a la preparación de estos para entrar a la escuela y no repetir grados. Los estudios recientemente publicados de largo plazo han hallado evidencia de que buenos programas preescolares mejoran las tasas de terminación de la secundaria y reducen la actividad criminal de ciertas categorías de participantes.
Traducción: Berkeley Hinrichs
Para más información
Administration on Children, Youth, and Families. Commissioner's Office of Research and Evaluation and the Head Start Bureau. (2001a). Head Start FACES: Longitudinal findings on program performance. Third progress report. Washington, DC: U.S. Department of Health & Human Services. Disponsible: http://www.acf.dhhs.gov/programs/core/pubs_reports/faces/meas_99_intro.html.
Administration on Children, Youth, and Families. Commissioner's Office of Research and Evaluation and the Head Start Bureau. (2001b). Building their futures: How Early Head Start programs are enhancing the lives of infants and toddlers in low-income families: Summary report. Washington, DC: U.S. Department of Health & Human Services. Disponsible:http://www2.acf.dhhs.gov/programs/hsb/EHS/
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